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San Antonio de la Florida

Zarzuela en un acto
Texto original de EUSEBIO SIERRA
Música de ISAAC ALBÉNIZ
Estrenada el 26 de octubre de 1894 en el Teatro Apolo de Madrid


Elenco del estreno

Irene: JOAQUINA PINO, Doña Ascensión: PILAR VIDAL, Enrique: ISIDRO SOLER, Don Lesmes: MANUEL RODRÍGUEZ, Gabriel: SR. GONZÁLEZ

La obra

La obra obtuvo un mediano éxito siendo repetidos algunos números y aplaudidos los autores. Estuvo diez días en cartel tras el estreno y otras cinco funciones dos meses después, pasó por Barcelona y Bruselas y llegó al Teatro Tacón de La Habana en 1895, luego…..¡el silencio! hasta 1954 como cuento más abajo. De los nueve números musicales de qué consta la obra destacan la bella canción del pajarito, el intermedio orquestal construido en forma de habanera y la escena de las bodas donde sitúa Albéniz una alegre sevillana. Sin embargo la crítica fue totalmente negativa como se puede comprobar por las opiniones que ofrece el Diccionario de la Zarzuela, lo menos malo que se dijo fue que sobraba música o faltaba libro, y un amigo del compositor le decía que “el público de Madrid no va al teatro a oír música sino a divertirse con arreglo a su cultura” lo que viene a cuadrar con lo que cuenta de Albéniz su biógrafo André Gauthier del estreno en Madrid de LA SORTIJA semanas después del de SAN ANTONIO DE LA FLORIDA “los primeros compases de la partitura provocaron reacciones tan hostiles que Albéniz, que dirigía la orquesta, dejó bruscamente la batuta y se volvió hacia el público gritando ¡bárbaros!, cruzó tranquilamente el patio de butacas y salió”. Claro que como no hay mal que por bien no venga, Salvador Valverde dice que “es posible que si Falla y Albéniz hubiesen triunfado en sus primeras tentativas teatrales, dejándose conquistar por el halago, la populachería y el trimestre (los derechos de autor que percibían trimestralmente), la música española no hubiese alcanzado la universalidad que hoy disfruta, gracias, en parte, a ambos. El fracaso de sus zarzuelas les empujó a buscar en el extranjero la comprensión que no encontraban en su patria”.

Arnau explica que SAN ANTONIO DE LA FLORIDA “se trata de una especie de estampa musical, de un sainete irónico con ambiente de época. Para gustar esta obra de verdad, es necesario recordar el Madrid de Fernando VII. La capital, que se acababa de levantar contra los ejércitos napoleónicos, era todavía un pueblo grande encerrado en si mismo, rico en una mezcla de herencias picarescas y de poesía del siglo XVIII. Esa es la esencia de la verdadera zarzuela en su primera gran época, la esencia de Barbieri y sus compañeros. Ahí quiso volver los ojos Albéniz y lo hizo con indudable fortuna aunque el público no lo apreciase. Quizá la gente estaba acostumbrada a una sencillez en la construcción musical, que Albéniz complicaba con sus hallazgos armónicos”.

En 1954 el maestro Sorozabal la rescató del olvido, según cuenta en sus memorias “la estudié con verdadero cariño e interés. La partitura me entusiasmó. Me hice con el libreto y vi que haciendo algunos arreglos se podía representar. Y entonces me dirigí a los herederos de Albéniz pidiéndoles el material de orquesta para montarla. Me contestaron diciéndome que no existía la partitura de orquesta, que había desaparecido durante nuestra guerra civil, y me ofrecían la obra para que yo la instrumentase. Como admiro tanto a nuestro primer músico acepté la oferta y la revisé y la instrumenté….Y en 1953? en el Teatro Fuencarral de Madrid estrené una obra en un acto que acababa de terminar y la de Albéniz, también en un acto”. Luego se ha sabido que los materiales de orquesta no habían desaparecido y gracias a la investigación de Emilio Casares Rodicio se encontraron en 1999 en La Habana, en aquel Teatro Tacón en que la zarzuela se había representado por última vez en 1895, dando lugar recientemente a una edición crítica que se debe a José de Eusebio.

Recientemente Ignacio Jassa Haro, en el lugar indicado en el apartado bibliográfico de esta reseña, y reflexionando sobre la aportación de Albéniz de un modo novedoso de hacer zarzuela, ha escrito “Este modo nuevo, que yo definiría como componer a la europea algo consustancialmente español, no tuvo gran eco entre público y autores; la suerte corrida por esta obra es en parte la responsable del olvido al que se ha visto sometida, pero sólo en parte puesto que la historia nos muestra ejemplos de muchos éxitos también hoy ignorados. Escuchar San Antonio de la Florida nos sitúa ante la extraña diatriba de reconocer una adscripción formal al género lírico hispano, a través de su trama argumental y sobre todo de sus números musicales habituales, dúos, romanzas, etc. (de una envergadura quizá más propia de zarzuela grande que de género chico, pero en cualquier caso plenamente zarzuelística) con un lenguaje musical mucho más elaborado, en cierto modo más "duro" de escuchar y menos teatral. Su obra en suma no "suena" a zarzuela y sin embargo lo es, pues la gran personalidad de la música de Albéniz lo hace posible”.

También Luis García Iberni, dejó dicho en el medio citado en la bibliografía “Albéniz, que había alcanzado cierto prestigio en España después de algunos éxitos en el extranjero, no conoció el aplauso con ella. Posiblemente influyera el hecho de abordar un tema ambientado en la España de Fernando VII, muy querido a ciertos sectores regeneracionistas, pero que en plena eclosión madrileñista parecía alejarse de la sensibilidad del público. Todo ello pese a que nombres como Joaquina Pino, Pilar Vidal o Manuel Rodríguez, artistas de gran fama en la época, fueran los responsables de darla a conocer. Sólo alcanzó una veintena de representaciones, cifra ridícula si se compara con La verbena de la Paloma que se estrenó también por aquellas fechas. Después pasó a Barcelona de un modo apenas testimonial y hasta llegó a presentarse en el Teatro de la Moneda de Bruselas, junto a Pepita Jiménez, en 1905, bajo el curioso título de L' Ermitage fleuri, en traducción francesa. Desde entonces no ha vuelto a escucharse De hecho de no ser por la labor de reconstrucción de José de Eusebio, su mayor paladín en los últimos años -que ha realizado la edición crítica a partir de unos materiales encontrados por el musicólogo Emilio Casares en el Teatro Tacón de La Habana-, la obra seguiría siendo desconocida. Lo cual hubiera sido una tristeza, como reconoce el propio Encinar, responsable de la dirección musical de la composición, porque está seguro que va a ser “una sorpresa muy grata. Sobre todo porque la música está muy bien, llena de melodías fáciles, que no facilonas, pero con una armonía muy interesante. No tiene pretensiones. Albéniz era consciente del público al que iba dirigida….”. Como se ve prescinde el malogrado musicólogo del reestreno citado por Sorozabal.

El compositor

Isaac Albéniz Pascual nació en Camprodón (Gerona y no Barcelona como indica el Diccionario de la Zarzuela) el 29 de mayo de 1860 y murió en Cambo les Bains (Francia) el 18 de mayo de 1909. Fue un niño prodigio al que su hermana Ernestina enseñó sus primeras lecciones al piano, actuando en público por primera vez a los 4 años en el Teatro Romea de Barcelona y al parecer la avaricia del padre, obsesionado por la explotación de su genio, tuvo mucho que ver en una deficiente educación que el niño compensó, en parte, autodidácticamente. Comenzará sus estudios musicales en el conservatorio de Barcelona, para posteriormente continuarlos en Madrid y en París, en donde a los 7 años no pudo ingresar en el Conservatorio porque, según “El Mundo de la Música” se le ocurrió sacar del bolsillo una pelota con la que se puso a jugar y rompió un espejo. Recorrió media España y media Europa, incluso fugándose con 10 años de su casa. En París de nuevo, la influencia más notable vendrá a partir de 1880 de la mano de Liszt de quien se considerará discípulo y aprenderá de él a integrar el nacionalismo en su música, abriendo así la puerta a un estilo nacionalista musical español por donde entrarán más adelante Falla, Granados o Turina. A este nacionalismo musical, común a la Europa del último tercio del siglo, se añade una influencia folklórica de la mano de Pedrell a partir de su estancia en Barcelona en 1883, que impregna su obra de un sentimiento popular. Este sentimiento junto a su técnica compositiva depurada adquirida en Francia de la mano de la renovación estética creada por Debussy, fraguan la extensa y original producción de este compositor. En su obra se ha de destacar sus aportaciones para piano, por medio de una serie de innovaciones técnicas muy complicadas y de difícil ejecución que lo sitúan como un virtuoso del piano. Estas innovaciones nacen de la influencia de Chopin, de la impronta impresionista (en cuanto a creación de atmósfera se refiere), del apoyo en elementos populares españoles y en un aspecto nuevo: la disposición de los dedos y de las manos en una ejecución virtuosística no a la manera romántica o impresionista, sino de una forma personal de exuberancia. En Inglaterra conoció al banquero Francis Burdett Money-Coutts (Lord Latymer) que lo “encadenó” a escribir la música para tres óperas suyas, HENRY CLIFFORD, MERLIN y la que nos ocupa. La parte buena del que se llamó “Pacto de Fausto” con el banquero, es que Albéniz sintió el acicate de sentirse grande no sólo con el piano y con las pequeñas formas, logrando efectivamente demostrarlo con PEPITA JIMENEZ. Aunque para hablar de su obra pianística no es este el sitio indicado, no me resisto a dejar de detallar algunas: SUITE ESPAÑOLA (1847), RECUERDOS DE VIAJE (1887), PIEZAS CARACTERISTICAS (1888/9), ESPAÑA, SEIS HOJAS DE ALBUM (1896) y SUITE IBERIA (1906/1911). En el campo teatral destaca la ópera PEPITA JIMENEZ (1874), sin olvidar que compuso varias zarzuelas, a saber: CUANTO MAS VIEJO y CATALANES DE GRACIA (1882), EL CANTO DE SALVACION (1886), todas ellas perdidas, y SAN ANTONIO DE LA FLORIDA (1894).

El libretista

Eusebio Sierra de la Cantolla nació en Santander en 1850 y murió en Madrid el 19 de febrero de 1922. No finalizó los estudios universitarios comenzados en Madrid, dedicándose al periodismo y a la literatura. Su contribución al género lírico español fue abundante destacando LA CAZA DEL OSO y DE MADRID A PARIS con música de Chueca, COVADONGA de Bretón, BLASONES Y TALEGAS de Chapí y SAN ANTONIO DE LA FLORIDA de Albéniz.

Sinopsis

En los convulsos tiempos de Fernando VII, la bella Irene, guardada por su madre Doña Ascensión, es cortejada por dos pretendientes, Enrique: liberal y Don Lesmes: realista. Ambos en la romería de San Antonio se disfrazan de frailes, pero la policía buscando a Enrique se lleva preso a Don Lesmes. Cambia el gobierno y Enrique es nombrado secretario de un ministro y puede casarse con Irene.

Índice de escenas

Zarzuela escénica en un acto con los siguientes números musicales:

1. Preludio y coro “Venimos de la orilla del Manzanares”. 1bis. Coro “Callad un instante y haré la señal” y arieta de Enrique “Sal morena de mis ojos”. 2. Ronda de alguaciles y voluntarios realistas “Vamos despacito, vamos sin chistar”. 3. Canción de Irene “Pajarito que estás en el árbol” y ronda de alguaciles “No hay nadie por allí no hay nadie por allá”. 3bis. Dúo de Enrique e Irene “Enrique, Irene, Silencio por Dios…….Podremos sin temores hablar mi vida”. 4. Salida de los alguaciles e intermedio instrumental. 5. Escena de la boda “Vivan los novios, vivan mil años” y sevillanas “…..Date otra vuelta niña”. 6. Quinteto “No es fraile ni nada aunque viste así”. 7. Marcha “Gracias al cielo que hemos llegado”, escena y final.

Personajes

Los principales, son:

Irene: Joven pretendida por dos rivales en el amor y en la política. Soprano.
Doña Ascensión: Madre de Irene. Mezzosoprano.
Enrique: Liberal. Tenor.
Don Lesmes: Realista. Barítono.
Gabriel: Amigo de Enrique. Tenor.

Discografía

No sé si comercializada existen grabaciones de la emisión por Radio Clásica de la función de esta obra en el Teatro de la Zarzuela el 13 de abril de 2003 en la que José Ramón Encinar dirigió a la Orquesta de la Comunidad de Madrid y al Coro del Teatro de la Zarzuela y cantaron Raquel Lojendio, Raquel Pierotti, María José Suárez, Joan Cabero, Luis Alvarez, Guillermo Poblador y Gustavo Peña.

Videograbaciones

No me consta ninguna, pues un film con ese título dirigido en 1957 por Santos Núñez, se trata de un documental de 11 minutos de duración, sobre Goya y con música de Arturo Dúo Vital.

Bibliografía

He utilizado la siguiente:
“Diccionario de la Zarzuela”, coordinado por Emilio Casares Rodicio.
“El mundo de la zarzuela” de Salvador Valverde.
“El libro de la zarzuela”, de editorial Daimon.
“Historia de la zarzuela”, volúmen II, de Juan Arnau (Zacosa).
Enciclopedia Espasa
“Albéniz” de André Gautier. Espasa Calpe 1978.
“El Mundo de la Música” guía musical bajo la dirección de K.B. Sandved. Espasa Calpe 1962
“Isaac Albeniz” por Antonio Iglesias en “Los Grandes Compositores”. Salvat 1982.
“Mi vida y mi obra” de Pablo Sorozabal. Fundación Banco Exterior 1986.
“Goya a todo trapo” artículo de Ignacio Jassa Haro en “Zarzuela.net” en 2003.
“Fiebre Albéniz” artículo de Luis García Iberni en “El Cultural.es” el 3-4-2003.

Marbella, 26 de mayo de 2009

Firmado: Diego Emilio Fernández Álvarez

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