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El asombro de Damasco

Zarzuela en dos actos
Texto original de ANTONIO PASO y JOAQUÍN ABATI
Música de PABLO LUNA
Estrenada el 20 de septiembre de 1916 en el Teatro de Apolo de Madrid


Elenco del estreno

Zobeida: ROSARIO LEONÍS, Fahima: JULIA CASTRILLO, Nhuredin: FRANCISCO MEANA, Ben-Ibhen: CASIMIRO ORTAS, Alí-Mon: VALERIANO LEÓN, Derviche 1º: CARLOS RUFART

La obra

El éxito fue tremendo, llegándose a las 100 representaciones el 3 de diciembre siguiente, traduciéndose al inglés y estrenándose en el Teatro Oxford de Londres; los cuplés de Alí-Mon, en tiempo de marcha, fueron muy interpretados por las bandas militares en los desfiles. El cronista Ruiz Albéniz “Chispero” relató así el estreno: “EL ASOMBRO DE DAMASCO fue uno de los éxitos más claros que se recuerdan en el género lírico. No hay que decir cómo estaba la sala de Apolo aquella noche. Cuando Pablo Luna empuño la batuta, un rumor de mal contenido nerviosismo y general expectación zumbó en el ámbito teatral. ¿Qué será esto?, se preguntaban los estrenistas. Porque aun cuando en el cartel y programas se calificaba de zarzuela, había transcendido al público que EL ASOMBRO DE DAMASCO de zarzuela tenía muy poco y sí mucho de otros géneros, empezando por el ballet y acabando por la opereta. Pronto empezó a transformarse la nerviosa ansiedad en atención o interés. La silueta de Casimiro Ortas, vestido a la otomana, ya provocó las risas y preparó el ambiente hilarante, que desató y acabó en ovación formidable con la presentación del grotesco Alí-Mon, al que Valeriano León daba toda la necesaria vis cómica. El éxito estaba asegurado. Pero vino el dúo entre la tiple (Rosario Leonís) y el bajo (Francisco Meana), página magistral en la que cabe decir que culminó la inspiración del músico aragonés. La ovación que alcanzó este dúo habrá podido tener en dos o tres ocasiones, a lo sumo, su parigual, pero superarse no se superó jamás. El maestro Luna recibió el homenaje más efusivo del público de Apolo, que sentía por él una extraordinaria simpatía por estar habituado a verle dirigir temporada tras temporada la orquesta del teatro. No disminuyó el éxito en el segundo acto, y a los pocos días EL ASOMBRO DE DAMASCO era popular en España entera”.

El compositor

Pablo Luna y Carné nació en Alhama de Aragón el 21 de mayo de 1880 y murió en Madrid el 28 de enero de 1942. Era hijo de un teniente de la Guardia Civil. Estudió composición y armonía, pensionado por la Diputación, en la Escuela de Música de Zaragoza y cuando terminó sus estudios dirigió varias compañías de zarzuela hasta que en 1908 fue nombrado Director del Teatro de la Zarzuela de Madrid (este teatro se incendió el 8 de noviembre de 1909 y tardó cuatro años en reconstruirse), y desde 1914 fue además empresario del mismo en donde emprendió, junto con su socio Arturo Serrano, una campaña a favor de la música española, dando entrada a compositores noveles de tanto mérito como Vives, Falla, Turina, Conrado del Campo, Guridi y especialmente Millán. Desde su primera zarzuela LA ESCALERA DE LOS DUENDES (1904), su actividad compositora fue frenética. De sus obras detallo casi exclusivamente las que han tenido trascendencia fonográfica, MUSSETA (1908), MOLINOS DE VIENTO (1910), LOS CADETES DE LA REINA (1913), EL ASOMBRO DE DAMASCO (1916), EL NIÑO JUDIO y LOS CALABRESES (1918), BENAMOR (1923), SANGRE DE REYES en colaboración con Balaguer (1925), LA PASTORELA en colaboración con Moreno Torroba (1926), LA PICARA MOLINERA y LA CHULA DE PONTEVEDRA (1928), LAS CALATRAVAS (1941) y su obra póstuma EL PILAR DE LA VICTORIA (1944), con libreto de Manuel Machado.

Fue quizás el compositor español que más destacó en el cultivo de la opereta española, a la que aportó originalidad de estilo, elegancia melódica, fantasía para la expresión y un cierto exotismo que hicieron decir al maestro Vives que Pablo Luna escribía “música rubia”. Al hablar de Luna como cultivador de la opereta considero de interés releer los comentarios que introduje en la Reseña de KATIUSKA y cuyas generalidades, son también aquí de utilidad. Sobre este tema genérico hubo hace algún tiempo un esbozo de debate en el Foro Nueva Zarzuela a raíz de la pregunta de algún aficionado y no me acuerdo si fue El Pichi el que explicaba la diferencia entre opereta y zarzuela, pero el tema no fue acotado con rotundidad, yo diría que porque es tema menor que no afecta a la esencia del género y quizás se ha utilizado esa denominación para obras cuyo argumento no se ha desarrollado en el ambiente castizo o regional español, como ocurre por ejemplo MOLINOS DE VIENTO, LA GENERALA, KATIUSKA, EL ASOMBRO DE DAMASCO, etc..... En resumen podríamos decir que, aunque la opereta vienesa se asentaba en dos pilares fundamentales: la ambientación exótica y distante sobre la base de una ingenua trama amorosa y las edulcoradas melodías a ritmo de vals y ambos elementos se detectan en algunas obras de Luna según lo cual su opereta está todavía más cercana al espíritu vienés que lo estuvo luego la de Sorozabal, no es menos cierto que también se vislumbran ya en el compositor aragonés los caracteres que el Padre Sopeña advirtió en el músico vasco: alejamiento de la procacidad arrevistada dotando de una elegancia a sus partituras que impulsó a Vives a denominarla “música rubia” y observar que, bajo el ropaje de la forma opereta, se esconde la verdadera zarzuela: el acento sobre la romanza, sobre lo emotivo.

Los libretistas

Antonio Paso Cano, nació en Granada el 9 de septiembre de 1870 y murió en Madrid el 11 de julio de 1958. Estudió Derecho pero se dedicó al periodismo y al teatro, como autor y como director de escena. Muchas de sus obras fueron en colaboración con otros autores. En el campo de la zarzuela destacan EL BATEO y LA ALEGRIA DE LA HUERTA, de Chueca, EL ASOMBRO DE DAMASCO, EL NIÑO JUDIO y BENAMOR, de Luna y LA LEYENDA DEL BESO, de los maestros Soutullo y Vert.

Joaquín Abati Díaz. Nació en Madrid el 29 de junio de 1865 y allí murió el 30 de julio de 1936, de padre italiano y madre española, cursó Derecho obteniendo sobresaliente en todas las asignaturas y varias matrículas de honor; cuenta el Espasa que al tiempo que preparaba oposiciones a Abogados del Estado escribió y publicó “Respuestas a los temas…..” de dicha oposición, dándose la paradoja que todos los que obtuvieron plaza en la misma habían estudiado su libro, pero el autor no logró plaza, decidiendo no ejercer su profesión y dedicarse a la literatura, llegando a ser de los más fecundos y graciosos autores españoles. Fue miembro de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación y tres veces Presidente de la Sociedad General de Autores de España. Escribió más de cien obras, muchas de ellas pertenecientes al género lírico y en bastantes ocasiones en colaboración, con Arniches, Martínez Sierra, Jardiel Poncela y, sobre todo, Antonio Paso. En el campo de la zarzuela triunfó con EL TREBOL de Serrano y Valverde, TIERRA POR MEDIO de Chapí y algunas más pero sobre todo con EL ASOMBRO DE DAMASCO de Luna. Hizo incluso sus pinitos como compositor con LAS VENECIANAS.

Sinopsis

La acción se inicia en una plaza pública en Damasco. Fahima, tiene una tienda de esencias mágicas, y está vendiendo a un grupo de mujeres; en la tienda de medicamentos, que hay a su lado, el médico Ben-Ibhen atiende a varios enfermos y heridos. Al marcharse todos los clientes y quedar vacía la plaza llegan dos hombres, que piden hospitalidad a Fahima, y luego una mujer lujosamente ataviada que, con el rostro oculto a la usanza musulmana, se aproxima a la tienda de la vendedora. Se descubre al llegar junto a Fahima, y ésta, con alegría, descubre en ella a su amiga Zobeida, casada con Omar, un comerciante de Mosul. Zobeida, muy consternada, refiere a su amiga la enfermedad de su esposo y sobre todo la ruina a que han llegado debido a su mal negocio. Zobeida dice a la amiga, que su viaje a Damasco se debe a que un vendedor llamado Ben-Ibhen tiene una antigua deuda de mil dinares de oro con su marido, y hoy este dinero se necesita urgentemente para la enfermedad de Omar, y aunque no existe ningún documento para confirmarlo, espera que Ben-Ibhen reaccione como corresponde a su honradez y amistad con Omar. Fahima lleva a Zobeida ante Ben-Ibhen, y éste recuerda la deuda y está dispuesto a pagarla; pero curioso, pide que antes le sea mostrado el rostro de la mujer que deberá llevar el dinero. Zobeida se descubre, y Ben-Ibhen queda maravillado ante su belleza. Dice a la mujer que le entregará el dinero si consiente en acudir por la noche a su trastienda. Al desaparecer el médico, las dos mujeres, maldiciendo la suerte de Zobeida, se van a la tienda de Fahima. Entonces aparece el cadí de Damasco, Alí-Mon, con varios soldados, y lee un decreto del Gran Visir en el que se pide, vivo o muerto, la captura del terrible corsario Ka-Fur. Zobeida piensa que el cadí podrá hacer justicia, y sale a su encuentro, explicándole lo ocurrido; pero Alí-Mon, lo mismo que el médico, queda prendado de la belleza de ella, y sugiere, a cambio de la obtención del dinero, la misma exigencia que Ben-Ibhen. Nuevamente desalentada, y negándose, Zobeida se retira con su amiga, y ésta le dice que el único que puede hacerle justicia es el Visir en persona. Mientras, el cadí se ha acercado a la tienda del médico para hablar con él, y cuando va a reprocharle su conducta con la esposa de Omar, le distrae un ruido de tumultuosa gente y, ante sus propios ojos aparece, portado en un lujoso palanquín, el Gran Visir Nhuredin. La muchedumbre le rodea y aclama reverenciosa. Zobeida piensa que es aquel el mejor momento para pedir justicia, y se acerca al Visir refiriéndole su desgracia. Pero al descubrirse ante él, el Visir queda también trastornado por su belleza. Zobeida, otra vez desazonada, se aparta de él, y entonces, uno de los hombres que pidieron la hospitalidad de Fahima, le aconseja que cite separadamente a los tres hombres, aquella misma noche, en la casa de Fahima, que se halla en las afueras de la ciudad. Así lo hace la mujer.

El acto segundo transcurre en una habitación de la casa de Fahima, donde varias esclavas se esmeran en adornar y acicalar a Zobeida. Un gran banquete aguarda a los tres citados. El primero en llegar es Ben-Ibhen. Zobeida, muy solícita, sale a su encuentro, pero nada más empezar a hablar se hace anunciar Alí-Mon. Consternado, Ben-Ibhen finge que se halla allí para reconocer a Zobeida, que sufre una repentina dolencia. Alí-Mon lo cree así, pero no finge su mal humor. Entonces aparece el tercer citado, el Visir, que se encuentra sorprendido ante la presencia de los dos hombres. Nada más empezar a pedir explicaciones, llega corriendo un esclavo para avisar que en las proximidades de la casa se halla el corsario Ka-Fur y sus hombres, cuyo único deseo es cenar y descansar allí. Zobeida, rápidamente, ordena a los tres hombres que se disfracen de esclavos, para no ser reconocidos y capturados por el bandido. Así lo hacen, y entra Ka-Fur, muy cubierto, con sus hombres. Se inicia el banquete que Zobeida prepara para los tres citados, y una vez finalizado, Ka-Fur demuestra que, a pesar de los disfraces ha reconocido al médico, al Cadí y al Gran Visir. Ben-Ibhen, intentando salvarse, dice que no tiene inconveniente alguno en pasar a engrosar las huestes del corsario, puesto que, en realidad, es tan deshonrado en su profesión de médico como el propio corsario. Siguiendo su ejemplo, Alí-Mon confiesa que él tampoco hace justicia si no es a cambio de un favor, y finalmente el Visir revela que hace todo lo posible por extraer el dinero del pueblo, ya que el Califa no está enterado de nada de aquello. Zobeida, mientras tanto, ha reconocido en Ka-Fur a uno de los hombres que le aconsejara aquella mañana, pero la sorpresa es general cuando Ka-Fur, despojándose de su siniestra indumentaria, resulta ser el Califa en persona, cuya costumbre de ir peregrinando disfrazado por el país, a fin de conocer la verdad, le ha salvado esta vez de tres hombres indeseables. El médico, el Cadí y el Gran Visir son despojados de todos sus bienes, y éstos entregados a Zobeida.

En narración de “El libro de la Zarzuela” leemos que EL ASOMBRO DE DAMASCO empieza con un curioso solo de clarinete que presenta el tema con que se inicia el canto del coro en la primera escena. No puede decirse que la música sea oriental en este primer tema, pero no tarda en aparecer el “color local” que nos traslade al Damasco de opereta que fue el marco de esta obra de Luna. Un generoso uso del triángulo y de la percusión contribuye a crear este ambiente, así como las melodías serpenteantes de los distintos grupos instrumentales. Sigue ahora una página orquestal bien instrumentada y un tanto meditativa. De pronto surge, de mano de la trompeta, una página mucho más agitada y convencional, propia del mundo de la opereta, que incluye el canto del coro con el tenor cómico. Más serio resulta el número que viene a continuación, con el canto de la perfumista primero con el coro y luego en forma de canción “Yo he descubierto un perfume”, en la que el coro también interviene. Es una página bastante lograda. Ben-Ibhen, el tenor cómico, vuelve a intervenir con sus chistes sin interés, con las dos sopranos en un trío bastante variado. El clima de opereta reaparece en el gracioso número del cadí “Soy Alí-Mon, soy el cadí”, con abundantes intervenciones del metal y decorativas frases del clarinete. Más hierética resulta la presentación del visir, su dúo con la soprano adquiere un carácter sumamente atractivo cuando el visir empieza a intentar la seducción y prorrumpe en una romanza de gran belleza “Esto que pides aquí y que esperas de mi”, con un delicado acompañamiento de arpa y cuerda en pizzicato. Es una página exquisita que nos compensa de tantas otras malogradas por una comicidad trasnochada. Entra tras la romanza la soprano con un tema emparentado con el del visir que este repite nuevamente en su forma original. Cuando la soprano cae en la cuenta de la seducción el dúo continúa en un clima de agitación hasta el final, en que la orquesta toma el tema amoroso de la romanza y lo va repitiendo como fondo de las suplicas de la protagonista, que modifica levemente el tema. El acto termina con la “zambra de las almeas” que vuelve a permitir la presencia de la danza, fundamental en el género, y concluye con la presencia del coro para cerrar el telón con la orquesta recordando el tema del dúo de la seducción.

En el segundo acto una especie de marcha, más occidental que oriental reemplaza al coro, y después de ella se inicia otro número instrumental, en el que el oboe evolucionará de modo similar al de un instrumento oriental. El protagonismo pasará después al clarinete y perderá su carácter oriental al pasar a la cuerda, convirtiéndose en exponente de un hermoso tema de ritmo pausado, sobre un fondo de oboe plañidero. Entra ahora la voz de las sopranos “Por esta noche nada de velos” mientras al fondo se arrastra misteriosamente el clarinete. Un ritmo agitado de aspecto orientaloide presenta a un coro femenino “Sultana de los amores” muy zarzuelero en su forma. Sigue presente en muchos instantes el clarinete. La página resulta, en general, ágil y graciosa. Una página de tenor cómico y soprano “Musulmana apetitosa” viene a formar un dúo cuya música es más interesante que el texto. Sigue lo que el propio tenor anuncia como “la danza de la Meca” con lo que volvemos a estar en pleno pseudos-orientalismo. Sigue otro dúo cómico “Allá van los preceptos que ordena el Corán” de tema frívolo y chistes de poca gracia. La música, amable, rescata la escena en lo que cabe.

Índice de escenas

Zarzuela en dos actos con los siguientes números musicales:

Acto I 1. Preludio, voz lejana “Ya el sol por el oriente su luz asoma” y escena “¡Alto! Dejad ya de gritar y atentos escuchad…..Yo he descubierto un perfume”. 2. Terceto “Danos pronto algo…..Merezco tus rencores merezco tus enojos……Bien mirado estoy quedando como un gran sinvergonzón”. 3. Cuplés de Alí-Mon “Soy Alí-Mon, soy el Cadí, lo único bueno que entre la turba de funcionarios existe aquí….Soy el ser más inflexible”. 4. Presentación de Nhuredin “Viva, viva Nhuredin”, dúo “Esto que pides aquí....Ven a mis brazos mujer” y zambra de las almeas “Que bailen las almeas….Baila odalisca hermosa….Baila, baila musulmana”.

Acto II: 5. Escena “Por esta noche nada de velo” y cantadoras de Palmira “Sultana de los amores…..Tus ojos tienen Zobeida”. 6. Dúo cómico de Ben-Ibhem y Zobeida “Musulmana apetitosa…..A la Meca te llevo mi vida montada en camello….La joroba molesta un poquito pero hay que aguantarse”. 7. Cuplés del Corán “Allá van los preceptos que ordena el Corán”. 8. Final.

Personajes

Los principales son:

Zobeida: Esposa de Omar, de extraordinaria belleza, acosada por todos. Soprano.
Fahima: Perfumista y amiga de Zobeida. Soprano.
Ben-Íbhen: Médico algo “sinvergonzón”. Tenor cómico
Alí-Mon: Cadí con una vara justiciera muy peculiar. Barítono.
Nhuredín: Gran Visir que quiso “hacer justicia” a Zobeida. Barítono.

Discografía

Basado sobre todo en la sección discográfica de esta página web detallo las versiones siguientes:

Zafiro 1954 - Dirige Enrique Navarro y cantan Dolores Pérez, Luis Sagi-Vela, Antonio Martelo y Santiago Ramalle.

Alhambra 1955 - Dirige Ataulfo Argenta y cantan Lina Huarte, Toñy Rosado, Manuel Ausensi, Gerardo Monreal, Arturo Díaz Martos y Carlos Munguía.

Entre las versiones históricas, todas ellas del dúo de Zobeida y Nhuredín, cita el Diccionario de la Zarzuela, la de Rosario Leonís y Francisco Meana (intérpretes del estreno) y la de Emilio Sagi-Barba y Luisa Vela para La voz de su amo en 1916 que, a juicio de Martín de Sagarmínaga, es “decididamente inferior” a la que Ofelia Nieto y un impresionante Marcos Redondo grabaron para Odeón en 1931, digitalizada hace unos años por Blue-Moon.

Videograbaciones

No figura ninguna en el catálogo de la Biblioteca Nacional, como tampoco ninguna película en la base de datos del Ministerio de Cultura.

Bibliografía

He utilizado la siguiente:

“Diccionario de la Zarzuela”, coordinado por Emilio Casares Rodicio.
“El libro de la zarzuela”, de editorial Daimon.
“Historia de la zarzuela”, volúmen II, de Juan Arnau (Zacosa).
“Enciclopedia Espasa”, “Luna” obra de Angel Sagardía Sagardía publicado en 1978 por Espasa Calpe.

Marbella, 8 de diciembre de 2007

Firmado: Diego Emilio Fernández Álvarez

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