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Alfredo Kraus


Tenor
Las Palmas de Gran Canaria, 24 de noviembre de 1927
Boadilla del Monte (Madrid), 10 de septiembre de 1999


Alfredo Kraus dijo: “La voz es el instrumento más difícil que existe, porque ni la oyes, ni la tocas, ni la ves”. Nada más cierto. Ese instrumento natural hay quien lo toca bien y quien lo toca mal. Todo depende de la perfección con que lo maneje, de la técnica adecuada y del sentimiento que ponga en la ejecución. Si suena sin calidad, no es culpa del órgano sino del que lo utiliza. Voces poderosas han sido un fracaso, y voces pequeñas han deleitado a miles de espectadores durante años. La voz de Alfredo Kraus iba del “do” grave al “mi” sobreagudo, de gratísimo timbre y volumen suficiente. Sin su indudable talento no hubiera sacado de ella el enorme partido con el que nos ha admirado a lo largo de su dilatada carrera.

Alfredo Kraus Trujillo nació en Las Palmas de Gran Canaria el 24 de noviembre de 1927. Vio la luz en la Casa de Colón del barrio de Vegueta porque allí estaban las instalaciones del diario “Las Provincias” que dirigía su padre. Don Otto Kraus era un austriaco asentado en Canarias desde el año 1914. Después contrajo matrimonio con la canaria Josefa Trujillo y se nacionalizó español. Ambos tenían bonitas voces y en reuniones familiares, con los amigos de la casa, solían cantar. Las veladas privadas en las casas de las grandes familias de Las Palmas, sirvieron de plataforma para que el joven Alfredo también lo hiciera tempranamente y se matriculara en el coro del colegio Corazón de María de Las Palmas. Puede decirse que allí nació su inclinación por la música. Más tarde se incorporó a otra coral: la de la Sociedad Filarmónica, en la que figuró como segundo tenor solista. Apareció por primera vez en escena como uno de los peregrinos de TANNHÄUSER. Al tiempo que participaba en conciertos y funciones benéficas cursó el bachillerato y terminó la carrera de Perito Industrial. Todos cuantos le escuchaban alababan su voz y acabaron convenciéndole para que se dedicara seriamente a la ópera.

En 1949 marchó durante unos meses a estudiar canto en Barcelona. Continuó sus clases en Valencia, mientras hacía la Milicia Universitaria. En 1955 se trasladó a Milán para perfeccionar los conocimientos adquiridos. Provindencial sería la forma en que conoció la misma semana de su llegada a Milán a María Llopart, hermana de la reputada maestra catalana Mercedes Llopart, lo que inmediatamente determinaría su aceptación como alumno. Completada una formación canora de primer orden, que nunca dejó de estudiar y perfeccionar, participó en el Concurso Internacional de Canto de Ginebra. Él y Teresa Berganza ganaron las Medallas de Plata. Este éxito le valió su primer contrato para el Teatro de la Opera de El Cairo, interpretando RIGOLETTO y TOSCA. Y de ahí arranca su envidiable carrera y la conquista de teatro tras teatro en una constante superación. El 31 de mayo de 1956 debutó en La Fenice de Venecia en LA TRAVIATA, siendo la primera vez que cantaba el rol de “Alfredo”, pronto uno de sus personajes más representativos. Al restaurarse en 1956 el madrileño Teatro de La Zarzuela, cantó en él DOÑA FRANCISQUITA, la única zarzuela que ha representado en un escenario, a pesar de haber grabado varias.

El 28 de marzo de 1958 le llegó la gran oportunidad. Para sustituir al tenor anunciado cantó LA TRAVIATA en el Teatro San Carlos de Lisboa al lado de la mítica María Callas. El éxito alcanzado fue importante y antes de acabar el año lo repitió en el Liceo de Barcelona con RIGOLETTO. Desde entonces usó mucho tacto, mucho conocimiento, y se impuso la ardua tarea de perfeccionar su órgano vocal. Consiguió de él que respondiera a cuanto le solicitaba. Fue su dueño absoluto, no su esclavo.

En 1959 interpretó LUCÍA DI LAMMERMOOR en el Covent Garden de Londres junto a Joan Sutherland. El 26 de febrero de 1960 fue su debut en La Scala de Milán con LA SONAMBULA, dirigida por Antonino Votto, con Renata Scotto. Cuando en 1965 da a conocer LA FAVORITA en este mismo teatro, su consagración sería ya plena.

En años sucesivos llegó a cantar hasta treinta y siete óperas. Fue el “Almaviva” de EL BARBERO DE SEVILLA, el “Octavio” de DON GIOVANNI, el “Pinkerton” de MADAMA BUTTERFLY y el “Rodolfo” de LA BOHÈME. Conforme iba dominando y puliendo su estilo, redujo el repertorio a quince óperas. Entre ellas se cuentan FAUSTO, ROMEO Y JULIETA, LUCIA DI LAMMERMOOR, LA TRAVIATA, LA FAVORITA, LOS CUENTOS DE HOFFMANN, RIGOLETTO, EL ELIXIR DE AMOR, MANÓN, LA FILLE DU RÉGIMENT, LOS PESCADORES DE PERLAS y, sobre todas WERTHER, en la que da la más completa muestra de su arte. Nadie afrontó el repertorio belcantista con más distinción que Alfredo Kraus.

De las actuaciones españolas merecen recordarse los sensacionales PESCADORES DE PERLAS del Coliseo Albia de Bilbao, en 1981, o la no menos notable HIJA DEL REGIMIENTO del Liceo de Barcelona, en 1984.

Alfredo Kraus también fue ganado por el cine sin que, como muchos artistas, se olvidase de esa responsabilidad insuperable que se llama escenario. Gracias al cine la voz de Alfredo Kraus pudo llegar a todos los públicos. La selecta minoría que le admiraba fue agrandándose y le convirtió en una figura auténticamente popular. Si antes esa minoría afirmaba que Kraus era el mejor tenor de España, a partir de la película GAYARRE (1958) la afirmación fue de todos los públicos. La segunda actuación de Alfredo Kraus ante las cámaras fue en EL VAGABUNDO Y LA ESTRELLA (1960).

Después de cuarenta años de actuaciones en los teatros más famosos del mundo, alcanzando triunfos resonantes, Kraus se convirtió en un tenor singular que pasará a la historia del “bel canto” como su mejor cultivador en la época presente. Por ello, el reconocimiento de sus méritos ha sido general. Es “doctor honoris causa” de varias Universidades; Medalla de Oro de la Royal Opera House; Miembro de Honor de la Staatsoper de Viena; Premio Príncipe de Asturias a las Bellas Artes; Medalla de la Gran Orden del Mérito Militar; varios centros y cátedras internacionales llevan su nombre y con frecuencia impartió lecciones magistrales en distintos lugares.

Amaba la ópera y defendió su pureza. Pero por encima de su forma de entender la música defendió su amor a la familia. Viudo desde hacía dos años, el gran tenor canario, honra de España, se fue de este mundo el 10 de septiembre de 1999. “El último romántico” descansa ya junto al amor de su vida.

Zarzuelas completas:

Doña Francisquita, La Generala, Eva. Ed.: Montilla (1958-1959)

La bruja. Ed.: Alhambra (1958)

La tempestad, Marina, La verbena de la Paloma, La Revoltosa, Doña Francisquita, El huésped del sevillano, Bohemios, La Dolorosa, Los de Aragón. Ed.: Carillón (1958-1980)

Katiuska, La tabernera del puerto, Black el payaso. Ed.: Hispavox (1958)

Doña Francisquita (1994), Marina (1999). Ed.: Auvidis

Fragmentos y selecciones:

“Canciones españolas”: La pícara molinera, La bien amada, Los gavilanes, La corte del amor, La alegría del batallón, El trust de los tenorios, Alma de Dios, Doña Francisquita. Ed.: Montilla (1958)

“Romanzas de zarzuela”: La tabernera del puerto, La isla de las perlas, Entre Sevilla y Triana, Black el payaso, Curro Vargas, El huésped del sevillano, El último romántico, Los de Aragón, La Dolorosa. Ed.: Hispavox (1958)

“A Granada”: Emigrantes. Ed.: Carillón (1960)

“Canciones de siempre”: Clavellina, La tierra de Venus. Ed.: Carillón (1964)

“Romanzas de zarzuela”: El huésped del sevillano, El guitarrico, Los pícaros estudiantes, La picarona, El caserío, La pícara molinera, Luisa Fernanda, Miguelón, La villana, Sangre de reyes, El trust de los tenorios, La Dolores. Ed.: Carillón (1965)

“Romanzas”: Doña Francisquita, El milagro de la Virgen, La pícara molinera, El guitarrico, La Dolorosa, Los claveles, La alegría del batallón, La tabernera del puerto, El último romántico, Luisa Fernanda, El huésped del sevillano, La meiga, Alma de Dios, El caserío. Ed.: Zafiro-Serdisco (1991)

“Homenaje a Miguel Fleta”: Emigrantes, El trust de los tenorios, La Dolores. Ed.: RTVE-Música (2003)
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